Roberto encarna el monopolio de la violencia en su gerencia. Ejerce el poder legislativo, ejecutivo y judicial sobre sus colaboradores; los castiga y los despide de pleno derecho, amparado por las normas de la organización burocrática. Disfruta del ambiente corporativo y de la institución del temor-respeto.
Roberto olvidó que no posee el monopolio de la fuerza física: es un alfeñique. Meó sus pantalones cuando un subordinado ejerció plena autoridad física sobre su cuerpecito. Hoy piensa dos veces antes de dar una orden.
