Diana trabaja en el turno de la tarde. Punto.
Diana necesita poner la mente en blanco. Los números la pacifican, la sedan y la trasladan. Ordenan su mente y la purifican. La Caja es el descanso y el medio del auto-mecenazgo. Sonríe a quienes son cordiales, sonríe a quienes son descorteses… Le sonríe a las señoras amables, a los pajeros, a los maleducados, a los perros, a los pajaritos. Se desliza por la calle con el cuello erguido, sonríe, cierra los ojos y estira el cuello aún más… Observa y escucha todo y nada, a lo largo del imperceptible trayecto desde su caja a su casa. Se desploma en cámara lenta sobre la cama y durante media hora mira sus manos en contraste con el techo. Se fuma uno y entra en un trance circular, en otro campo mental, a través de un camino allanado por los números… Empieza a evocar, a ver y a interpretar, a recordar y descifrar, a ensayar modelos de realidad únicos e irrepetibles durante toda la noche, en su Acrópolis del 3°D.
